Salida 7/12/2019

No había dormido nada y todavía el licor giraba en mi cabeza, mis cosas estaban guardadas, excepto aquellas que aún tenía que utilizar. Ya tenía todo planeado, había gastado muchas horas escribiendo en un cuaderno, nombres de ciudades, fechas, precios y horarios. Se había vuelto una costumbre un poco pesada pero buena para calmar mi ansiedad antes del viaje. 

Sentado en la cama, observaba mi pieza buscando algo que podía estar olvidando. Esa ruta ya la conocía por eso trataba de recordar algunas cosas en voz alta: llegar en menos de diez días es imposible… solo el tramo por barco es de casi una semana… tres ciudades de Bolivia, cinco ciudades de Brasil… Un día hasta Caracas desde Santa Elena. 

Repetía una retahíla de palabras sin sentido, tratando de calmar los nervios saltadores escondidos en las entrañas. 

Me puse la mochila y pinté mi cara con la mejor mirada que pude encontrar. Se asomaron visiones congeladas en alguna neurona resistente al olvido. El peso en mi espalda, me llevó al centro de mis pensamientos, donde rumiaba las posibles posiciones de la suerte. El miedo corrompía cada una de mis células, atormentando a mis piernas con el peso de sus decisiones. 

Abrí la puerta y mis pasos esparcieron palabras con letras de adrenalina.

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